Akihabara District, Tokyo
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© WTG / Coralie Modschiedler

Guía de viaje de Tokio

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Hora local en Tokio

Con su mezcla natural de tradición y modernidad, Tokio es una ciudad que escapa a definiciones. Las tecnologías de vanguardia brillan junto a antiquísimos templos, las centelleantes luces de neón iluminan a mujeres ataviadas con kimonos y los pulcros rascacielos se elevan sobre los magníficos altares Shinto. A primera vista, la ciudad está plagada de coches que contaminan el aire y de nipones que arrollan todo a su paso Sin embargo, Tokio posee unos rincones tranquilos y preciosos que no dejan de sorprender y de asombrar. La ciudad tiene una población de más de 12 millones de habitantes y tiene una historia y un sabor que cautiva a cada uno de los visitantes.

La descontrolada megalopólis en la costa pacífica de Honshu es la mayor de las 6.800 islas niponas. La ciudad se fundó en 1590 bajo el nombre de Edo, la capital de los shogun, una sucesión hereditaria de dictadores absolutistas de Japón que también tenían el control del ejército japonés. Edo desarrolló sus propias manifestaciones culturales, el llamado "mundo flotante", barrios consagrados al placer, teatros y fiestas de florecimiento de cerezo, una época que quedó inmortalizada en las estampas Ukiyo-e. Tras la caída del shogunado en 1867, se restauraron los poderes del Emperador y la ciudad fue rebautizada como Tokio, que significa la Capital del Este, dando comienzo a un dinámico proceso de modernización que no tardó en extenderse por el resto del país. A pesar del catastrófico terremoto de 1923, que mató a 140.000 personas y dejó sin casa a 1,9 millones de ciudadanos, y la devastación de la II Guerra Mundial, Tokio renació de sus cenizas.

Tokio está constituida por una apabullante aglomeración de distritos y barrios que aún prospera como una entidad conjunta, en parte gracias al eficiente entramado de tren y metro que une la ciudad y que constituye las arterias de Tokio, ya que transporta legiones de ejecutivos, oficinistas y estudiantes desde los barrios periféricos hasta las enormes estaciones del centro. Sólo por la estación de Shinjuku pasan dos millones de personas al día. Por las calles de los rascacielos, en los distritos financieros, caminan en tropel los grises guerreros del capitalismo y las jóvenes y recatadas secretarias conocidas como "flores de oficina". La anarquía arquitectónica y las increíbles aglomeraciones humanas desbordan los sentidos. En medio del frenesí consumista se mezclan las estridentes tiendas de productos electrónicos, las elegantes boutiques y las hordas de colegialas de risa tonta que se desvanecen con las imágenes de sus ídolos musicales, además de deslumbrantes emporios comerciales con flamantes novedades.

En el centro se concentran los barrios viejos alrededor de anticuados centros comerciales, por cuyos techos sobrevuela el eco de las campanas de los templos. En Tokio aún se observa el avance de las estaciones. Los tokiotas se congregan para recibir el año nuevo en los venerables templos Shinto y la primavera trae un aluvión de ceremonias de florecimiento y picnics bajo los cerezos. Los bulliciosos y tradicionales festivales salpican los húmedos meses estivales y el espíritu del viejo Edo aún perdura en los mares de neón de los barrios de ocio, unos "mundos flotantes" contemporáneos de karaokes y cines, bares de chupitos y baños públicos. El teatro tradicional kabuki florece junto con la ópera, el ballet y los conciertos sinfónicos. Los tokiotas también son grandes aficionados al sumo, al béisbol y ahora, gracias a la celebración en su territorio de la Copa Mundial de 2002, al fútbol. Según los datos más recientes, Tokio dispone de 60.000 restaurantes y alberga el mayor mercado de pescado del mundo; la comida es una obsesión típicamente nipona. Desde cuencos de humeantes noodles ramen a delicadas rodajas de sashimi, los chefs completan la oferta gastronómica con los productos más frescos y con una presentación que se puede elevar a la categoría de arte.

Para mayor envidia del mundo, Japón fue en su momento un potentísimo motor económico, pero la continua recesión, la quiebra de los bancos y los escándalos financieros han dado al traste con la seguridad económica del pasado. Sin embargo, con la introducción de una economía más centrada en el yen, Tokio se ha convertido en un destino turístico más asequible. Para sorpresa de muchos, para viajar y divertirse en esta bulliciosa ciudad no es necesario pedir una segunda hipoteca. Además, con el fervor casi religioso que despiertan las compras y el culto a la belleza, el visitante apenas percibe el temor a la crisis económica.

Visitar la ciudad es un placer en cualquier época del año, con excepción de los bochornosos meses de julio y agosto. A pesar de la profusión de aparatos de aire acondicionado y de abanicos de promoción que se reparten gratis por las esquinas, las altas temperaturas y la humedad hacen languidecer hasta al nipón más curtido. Los inviernos en la ciudad son fríos y secos, la primavera (de marzo a mayo) es la mejor época del año para muchos, con el florecimiento de los cerezos que invitan a relajarse en el parque con picnics regados de sake. El otoño (de septiembre a noviembre) desplaza al opresivo calor de verano y da paso a los templados días de hojas doradas. Se aconseja evitar la Semana Dorada (a finales de abril y mayo) y el Año Nuevo (finales de diciembre-principios de enero), las dos festividades más importantes del calendario Shinto, ya que la ciudad cierra por vacaciones. Como todas las semanas tiene lugar algún tipo de celebración, no es difícil encontrar alguna festividad tradicional en cualquier época del año.

Gracias a la determinación del gobierno japonés por atraer visitantes extranjeros, cada vez resulta menos difícil orientarse en Tokio. El mapa del metro se ha rediseñado recientemente, con lo que es más fácil desplazarse por la ciudad en transporte público. La señalización en inglés es buena, aunque siempre conviene aprender algunas palabras japonesas para desplazarse con mayor seguridad por las calles de la ciudad.

Las estadísticas muestran un aumento sin precedentes de visitantes en la ciudad. Tokio atrae como nunca a un creciente número de occidentales. Siempre abrazando el futuro a la vez que se mantiene un respeto hacia el pasado, ésta es una ciudad única y sus gentes ofrecen a los visitantes una experiencia inolvidable.