Blue Lagoon, Reykjavik
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Guía de viaje de Reikiavik

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Hora local en Reikiavik

La historia de la fundación de Reikiavik es tan romántica y cautivadora como el paisaje sobre el que se asienta, un desierto lunar y volcánico en los confines del Atlántico dominado por la sombría mole del monte Esja.
La leyenda cuenta que la capital más septentrional del mundo fue fundada por un vikingo llamado Ingólfur Arnarson. Según los textos de las antiguas sagas islandesas, Arnarson siguió la tradición nórdica de dejar que los dioses decidieran el emplazamiento de su nuevo hogar. Al acercarse a la costa islandesa, lanzó dos pilares de madera por la borda y envió a sus esclavos para averiguar el lugar de la costa en el que habían sido depositados en el mar. Después de haber navegado frente a las fértiles tierras del sur de la isla, quedaron decepcionados al encontrar los pilares en el norte y Arnarson exclamó: "Avistamos buenas tierras para acabar colonizando este remoto cabo". Arnarson llamó al lugar Reykjavik ("Bahía Humeante") por las fumarolas que salían de la tierra.

Hoy en día, estas mismas fuentes geotérmicas del subsuelo de la ciudad proporcionan casi toda la calefacción y agua caliente a las casas de la capital; la única consecuencia negativa es el ligero olor a sulfuro de hidrógeno presente, sobre todo, a la hora de la ducha. El reducido nivel de emisiones de gases hace que la ciudad tenga una atmósfera limpia y cielos cristalinos siempre que no llueva. La ausencia de polución se debe también al tamaño comparativamente pequeño de la capital. Reikiavik consistía únicamente en un puñado de granjas hasta que una pequeña comunidad comerciante comenzó a prosperar a mediados del siglo XVIII. Se le concedió estatuto municipal y poco a poco se desarrolló como centro urbano. A finales de la II Guerra Mundial, Islandia obtuvo la autonomía total de Dinamarca y Reikiavik se convirtió en la capital de la nueva nación.Reikiavik conserva todavía un aire de ciudad provinciana, con sus edificios bajos y sus casas de colores brillantes, aunque es el hogar de tres de cada cinco islandeses y domina el país política, económica, social y culturalmente.

Desde la cumbre Reagan-Gorvachov de 1986 en la que los dos dirigentes pusieron fin a la Guerra Fría, Reikiavik se ha convertido en un inusual destino turístico. Se han publicado incontables artículos centrados en su desenfrenada vida nocturna y miles de turistas llegan cada año en busca de los legendarios bares y discotecas. Esto resulta aún más increíble si se tiene en cuenta que la prohibición del consumo de cerveza se levantó en 1989. Sin embargo, la población local ha sabido recuperar el tiempo perdido y durante los fines de semana el centro se convierte en un espectáculo de puro hedonismo. Quizás tenga que ver también el hecho de que durante los fines de semana la mayoría de los islandeses se olvidan de su carácter nórdico y sacan el lado céltico y juerguista de su herencia (los vikingos secuestraron a muchos escoceses e irlandeses en su camino a Islandia), que se manifiesta en su simpatía y buena predisposición hacia los visitantes extranjeros.

Durante el día, Reikiavik es un lugar tranquilo con cuidadas casas, calles limpias y un ritmo de vida relajado. Hay multitud de atracciones culturales, incontables cafés, seis baños geotérmicos y numerosas oportunidades para realizar excursiones al interior del país. Una de las ventajas de la ciudad es que todas las atracciones turísticas están situadas a poca distancia a pie. Los festivales de carácter cultural están multiplicándose y estableciéndose al mismo tiempo que Islandia asume su identidad cultural.

La ciudad de Reikiavik está situada en la parte suroeste de la isla, en la bahía Faxaflói, lo que le da a la ciudad un clima muy húmedo con lluvia y viento del Atlántico. Sin embargo, la corriente del Golfo hace que las temperaturas sean más agradables de lo que cabría esperar por su situación. Aún así, los inviernos son largos e inhóspitos, con tan sólo cuatro horas de luz en algunos días, aunque la oportunidad de ver las auroras boreales compensa todos los males. El verano, por el contrario, es la temporada del famoso sol de medianoche y el momento en el que la ciudad muestra su cara más alegre y luminosa.