Humayun's tomb, Delhi
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© 123rf.com / Rene Drouyer

Guía de viaje de Nueva Delhi

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Hora local en Nueva Delhi

Delhi es una ciudad inabarcable en todos los sentidos. Se extiende descontroladamente sobre una enorme extensión de la planicie del río Jamuna. Con más de 20 millones de habitantes, y altos niveles de pobreza contaminación suponen un desafío para los sentidos del viajero más experimentado. Aquellos que sean capaces de ver más allá de la miseria, el caótico tráfico, la contaminación y las constantes peticiones y reclamos de los pedigüeños y estafadores encontrarán maravillas históricas, arquitectónicas y culinarias a cada paso.

Delhi ha sido la capital de la India desde su independencia en 1947, pero antes de esa fecha, en 1911, los británicos trasladaron allí la capital desde Calcuta. Durante gran parte de su historia, Delhi fue la sede del poder de varias dinastías musulmanas que dominaron diferentes zonas del subcontinente desde el siglo XII. La moderna capital es en realidad la suma de dos ciudades: la Vieja Delhi, apiñada dentro de las sucias y estrechas callejuelas del recinto, rodeado por las murallas del Fuerte Rojo, y Nueva Delhi, el polo opuesto, emplazamiento de la grandiosa Ciudadela Imperial, bulevares arbolados y espaciosos bungalows diseñados por Lutyens y Baker en la década de los 20.

La Vieja Delhi, construida en el siglo XVII, es sólo la última de las siete ciudades que han ocupado el emplazamiento desde la llegada de los musulmanes. Alrededor de Nueva Delhi, en especial en la zona conocida como Transjamuna, se extienden los suburbios y barrios de chabolas levantados para acoger a la creciente población. La explosión demográfica ha traído más pobreza y degradación: el 45% de los habitantes de Delhi viven en chabolas y se dedican a mendigar por las esquinas de la ciudad. Aunque en India los niveles de alfabetización han aumentado espectacularmente en los últimos años, en la capital, el analfabetismo sigue predominando entre la población.

Además de ser el punto de partida para visitar Agra, donde se encuentra el Taj Mahal, o las ciudades y fuertes de Rajasthan, Delhi tiene mucho que ofrecer al visitante. El legado arquitectónico de sus conquistadores islámicos es rico y variado y el centro colonial resulta particularmente impresionante. Hay también algunos museos interesantes y los bazares y tiendas ofrecen una apabullante variedad de productos, como especias, telas o piezas de repuesto para automóviles. Los restaurantes de la capital son también una tentación para el visitante por su rica variedad y razonables precios para los bolsillos occidentales.

Es mejor no visitar Delhi durante el verano. A partir de mediados de abril, las temperaturas suben de modo inexorable. Durante la mayor parte de los meses de mayo, junio y julio los termómetros se mantienen alrededor de 45°C hasta la llegada del monzón. La mejor época para visitar la ciudad es febrero o marzo.

A pesar de su larga historia, Delhi es una ciudad muy joven. Con la partición de 1947, la urbe sufrió enormes cambios que la transformaron radicalmente. La India pasó a ser predominantemente hindú, mientras que Pakistán se convirtió en un país completamente islámico. Se produjeron migraciones masivas entre ambos países y hubo baños de sangre a gran escala. Tras ser durante siglos mayoritariamente musulmana, Delhi se convirtió después de 1947 en una ciudad hindú y sij cuya lengua oficial es el punjabi. Al mismo tiempo, la población se duplicó, a pesar del éxodo masivo de musulmanes. Este sorprendente y artificial cambio demográfico explica en gran parte la dureza e inseguridad de la ciudad. En cierto modo, y a pesar de cierta sensación de urbe milenaria, es una ciudad de tan sólo medio siglo de antigüedad, pero con un inmenso abanico de posibilidades para sus habitantes y para quien la visita.