Dubrovnik Guías de Ciudades
Lord Byron se quedó tan fascinado ante la belleza de Dubrovnik, quien describió a la entonces ciudad-estado como la "Perla del Adriático". George Bernard Shaw tampoco escatimó elogios hacia la ciudad al afirmar que "aquellos que busquen el paraíso en la tierra, deben venir a Dubrovnik". Rodeada por detrás por elevados peñascos de piedra caliza y por el frente por las aguas azules del Adriático, Dubrovnik es una joya perfectamente conservada cuyas sólidas murallas medievales esconden innumerables palacios e iglesias barrocas.
La ciudad, conocida antiguamente como "República de Ragusa", se mantuvo durante siglos como una ciudad-estado independiente (su lema era "Libertas" o libertad) frente a los poderosos venecianos al norte y los otomanos al sur gracias a hábiles pactos y negociaciones que hubieran enorgullecido al mismísimo Maquiavelo. Sus orgullosos ciudadanos presumen de que los muros de la ciudad nunca han sido derribados, aunque la moral de sus ciudadanos fue puesta a prueba durante el invierno de 1991-1992, cuando paramilitares serbios y montenegrinos, apoyados por el Ejercito Nacional de Yugoslavia, sitiaron una ciudad sin valor estratégico en un acto de barbarie cultural que hizo que toda Europa se pusiera de parte de la causa croata.
Hoy en día, las únicas huellas que quedan del asedio son los tejados de las casas, fácilmente identificables por su nuevo color (la cantera local cerró antes del asedio), el nuevo cartel que indica la entrada a la ciudad antigua y las marcas de algunos proyectiles. En la actualidad, los visitantes están volviendo en masa a la ciudad; durante la temporada alta, la ciudad rebosa de turistas y pasajeros de cruceros, al mismo tiempo que un creciente número de ciudadanos del resto de Europa invierten en inmuebles en este idílico rincón del Adriático.
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La ciudad, conocida antiguamente como "República de Ragusa", se mantuvo durante siglos como una ciudad-estado independiente (su lema era "Libertas" o libertad) frente a los poderosos venecianos al norte y los otomanos al sur gracias a hábiles pactos y negociaciones que hubieran enorgullecido al mismísimo Maquiavelo. Sus orgullosos ciudadanos presumen de que los muros de la ciudad nunca han sido derribados, aunque la moral de sus ciudadanos fue puesta a prueba durante el invierno de 1991-1992, cuando paramilitares serbios y montenegrinos, apoyados por el Ejercito Nacional de Yugoslavia, sitiaron una ciudad sin valor estratégico en un acto de barbarie cultural que hizo que toda Europa se pusiera de parte de la causa croata.
Hoy en día, las únicas huellas que quedan del asedio son los tejados de las casas, fácilmente identificables por su nuevo color (la cantera local cerró antes del asedio), el nuevo cartel que indica la entrada a la ciudad antigua y las marcas de algunos proyectiles. En la actualidad, los visitantes están volviendo en masa a la ciudad; durante la temporada alta, la ciudad rebosa de turistas y pasajeros de cruceros, al mismo tiempo que un creciente número de ciudadanos del resto de Europa invierten en inmuebles en este idílico rincón del Adriático.
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